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José Trinidad Reyes
Educador


Padre Reyes
Jose Trinidad Reyes

11-Jun-1797 al 20-Sep-1855. A la edad de 18 años se graduó de bachiller en filosofía, teología y derecho canónico. Se ordenó como sacerdote en el año de 1822. En 1830 incursiona en la política, por medio de la cual defiende los intereses de la iglesia.
En 1845 fundó "La Sociedad del Genio Emprendedor del Buen Gusto", la que se convertiría en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Fundó también la biblioteca de la misma universidad, la cual lleva su nombre.


Situación de Tegucigalpa

Un personaje de gran influencia en la alcaldía de Tegucigalpa fue sin lugar a dudas el presbítero don José Trinidad Reyes Sevilla, quien fue miembro del cabildo municipal por espacio de más de quince años. Su padre, José Santiago Reyes había sido secretario municipal en el período de independencia y perteneciendo a una familia de pardos, todos vecinos del barrio de San Francisco, habían tenido conexión directa con la parroquia de San Miguel y la iglesia de la Inmaculada Concepción de Comayagüela de donde procedía la rama materlineal por la familia Sevilla, que influyeron significativamente en la alcadía pedánea de la ciudad de Comayagüela. José Trinidad estudió en León de Nicaragua, siendo protegido del ilustrado obispo don Nicolás García de Jerez, que indudablemente influyó en una parte del clero secular que antagonizaba con la conflictiva iglesia guatemalteca, que indiscutiblemente fue la más golpeada -por tener más poder- en los momentos de la desacralización impuesta por el liberalismo.

La figura de Trinidad Reyes se inserta en la historia hondureña, y especialmente en la ciudad de Tegucigalpa, porque sus acciones de influencia están profundamente encarnadas en la realidad que atraviesa el país en los momentos de la anarquía social se subvirtió el orden y negó los puntos limítrofes de la conducta humana. Reyes, no sólo es el gran reconciliador de la sociedad hondureña si no el humilde intermediario que evita el hundimiento y sobre todo, la disolución social.

Sus biógrafos -inclusive sus contemporáneos como el padre Yanuario Girón- explican su retorno a su ciudad natal como franciscano exclaustrado. A pesar de ser él el eje de la sociedad familiar, originalmente se refugia en secreto en la vieja iglesia de Comayagüela en donde no habían habido servicios religiosos desde el cura que se casa (don Joaquín Espinoza, quien amparado por la resolución de la asamblea constituyente de 1831, que autorizaba a los sacerdotes para contraer nupcias, contrajo matrimonio con la señorita Nicanor Cantor) y que había sido repudiado por los mismos parroquianos que, a pesar de asistir a la misa, no recibían la comunión del cura desposado.

El recoletto pasó tristes noches al recorrer nocturnamente su antigua población y encontrarse con que la suntuosa parroquia de San Miguel tenía cerradas las puertas a los feligreses por encontrarse herida su estructura arquitectónica desde el famoso terremoto de 1802; la iglesia de San Francisco y su convento, prácticamente en ruinas, en donde a la mitad del edificio se alquilaban como establo para mulas de viajeros en tránsito, y el convento de La Merced, convertido en parte en casas particulares ya que habían sido cedidas por el ayuntamiento a los líderes locales que tenían la antigua estructura en completo abandono.


Educando a pobres y a mujeres

El sacerdote tenía que confiar mucho en el ser humano como centro del desarrollo de una sociedad, y sobre todo, en la educación como el viejo concepto evangélico de que "el pecado se señorea en la ignorancia ", razón por la cual decide apoyar una escuela de enseñanza elemental utilizando para ella las imágenes femeninas de aquellas abuelas que habían sido educadas en la teoría de Fray Luis de León y expuesta en su libro "La perfecta casada ", en que era obligación de las mujeres saber leer y escribir, conocer las cuatro reglas aritméticas, los conocimientos básicos de la astronomía y física, y sobre todo, ampliar sus conocimientos en teología y moral y sobre todo ser entendidas conocedoras y apreciadores de las bellas letras, el teatro, la danza y la música.


Esta escuela de primeras letras es financiada a través de la alcaldía municipal y ocupa los viejos aposentos del antiguo convento de La Merced y el cual dispone enviar -para evitar el remate- las obras de arte que decoraban ambos conventos, que así se integraron al nutrido inventario no sólo de iglesia como la de Nuestra Señora de Los Dolores e inclusive de la cadena de ermitas y capillas dispersas en los pequeños poblados que rodeaban la ciudad de Tegucigalpa.

La figura del padre Reyes se va convirtiendo en un auténtico "paterfamilias". Como cura exclaustrado, residía con su madre, doña Francisca de quien posiblemente heredó la vocación magisterial, trasladándose a realizar los oficios divinos en la mañana muy temprano a San Francisco en donde se quedaba para dar clases por carecer de ayudante alguno ya que por esas fechas es que mueren los últimos franciscanos maestros como fray Nicolás de Hermosilla y sobre todo el superior fray Nicolás de Artica cuya imagen es de grata recordación para los tegucigalpense por haber pagado por su costo la bella cruz del perdón gravada con su nombre que estuvo tantos años centrando la plaza de San Francisco hasta su ulterior traslado a la plaza del Calvario.


Revitalizando la sociedad

En esa firme idea de fomentar la educación para evitar el desorden, la anarquía y la crueldad para 1837 organiza su academia del Genio Emprendedor y del Buen Gusto que se eleva a categoría de universidad cinco años después gracias a la iniciativa de uno de sus más fieles amigos, el licenciado don Justo Pérez Escober, que a nombre de la corporación municipal de Tegucigalpa, felicita al presidente Juan Nepomuceno Lindo y Zelaya que se eleve el rango a la categoría de universidad.

Compartieron esa idea universitaria un grupo de bachilleres entre los que se cuenta a don Máximo Soto Uclés, Sinforiano Rovelo, Alejandro Flores y Valentín Durón, ya que en ese momento por las constantes invasiones y revueltas el país no daba oportunidad de que los jóvenes salieran fuera del país para poder estudiar. Así es como la universidad se inaugura especialmente en el sitio que fue del convento de San Francisco, en un acto académico que donde además de la conferencia magistral que dictó el padre Reyes, representó a la municipalidad don Justo Pérez Escobar, que sirvió la cátedra de filosofía y los tres derechos (natural, canónico y civil) y llevando la palabra en nombre de los estudiantes don Máximo Soto.

Esto se constituye en una obra que revitaliza la Tegucigalpa del siglo XIX y la más importante decisión del cabildo municipal de esa época ya que la empobrecida ciudad, horra de formas de producción tales como la minería, la escasez de la ganadería y la debilidad del comercio, se convierte en la gran productora de recursos humanos bien formados en todas las áreas y antenas erectas al pensamiento mundial, que conformaron posteriormente una idea cosmopolita.



Las Pastorelas como Arma Educativa

Cuando el padre Reyes ve que la universidad está caminado por sí sola, le mueve un sentimiento de satisfacción ya que siente que las clases medias campesinas de mulatos, mestizos y pardos - que era justamente la clase social de la cual él provenía - iban decayendo en la aculturización y la ignorancia; el partidismo y el sectarismo impregnaban las buenas familias de aquellas poblaciones periféricas de Tegucigalpa, decaimiento que él lamentaba profundamente cuando le llegaba la noticia de que la revolución y el caudillismo envolvía insuflando la mente ardorosa de toda una juventud - los varones de aquellas familias - abandonaban a las madres, mujeres y hermanas con el consiguiente desastre de las cosechas y el pastoreo de los animales.

Así emprendió giras por todo el sector periférico de Tegucigalpa y Comayagüela, invitando a las familias para que le enviasen sus hijos a una escuela que había organizado en el antiguo convento de la Merced. Así, los muchachos de Jacaleapa, Potrerillos, la vega del Aguacate, Yagüasire, el Estiquirín, Sabana Grande, Ojojona, Santa Ana de Ula, Támara, Santa Rosita, Cofradía en el valle de Talanga, Cantaranas, la villa de San Francisco, Cerro Grande, Coarriba, Coabajo, Monte Redondo, Río Hondo y Selguaca, llegaron a esa escuela donde los jóvenes no solo aprendían a leer y a escribir sino que a aprender a oír y ejecutar música, aprender las cuatro reglas aritméticas con nociones de geografía y física así como una introducción a la astronomía (sobre todo a aprender a guiarse por las estrellas ) .

El flexible pensum era una propuesta a la civilización contra la idea de la lucha por la cultura. Según Don Angel Ugarte y Don Juan B. Valladares la escuela del Padre Reyes, llegó a tener mas de trescientos alumnos. Cantidad que se mantuvo en una excelente integración entre el campo y la ciudad ya que los alumnos aportaban vituallas que iban desde los frijoles hasta el pataste. La municipalidad de Tegucigalpa cooperaba con el financiamiento de las pastorelas que surgieron de la idea de que los muchachos no fueran de vacaciones, haciendo venir a la ciudad a los padres y parientes con aptitudes para el teatro, la danza y la música. De aquí surgen los más importantes maestros de capilla que después circularon con sus guitarras y violines de pueblo en pueblo, amenizando las fiestas religiosas más importantes de las poblaciones, como forma de contribución al ejercicio de la religiosidad popular que era el punto central para la conservación de la identidad no solo de la nación, sino de la ciudad.

Las pastorelas del Padre Reyes parten de una larga tradición muy abundante en América que se desarrolla especialmente en el virreinato de Lima y la Nueva España y son composiciones que se inspiran en los medioevales actos de fe. Su proposición es sencilla y el drama y la comedia ofrecen un metamensaje en relación con la adoración, nacimiento de Cristo y sobre todo con la adoración de los pastores. El lenguaje es totalmente neoclásico, y fue inspirado en las versiones del teatro latino, lo que hace - tal como lo afirma don Alfonso Reyes - que los pastores simplísimos y necesitados de honduras hablen como los habitantes del Peloponeso, para una sociedad con una cultura de subsistencia y zafiedad.

Otro metamensaje de las pastorelas era incorporar actores y actrices de distintas clases sociales tal como se puede ver los elencos dramáticos, como el de ; Olimpia ; y sobre todo cuando analizamos que cada obra, independientemente entre sí, eran dedicadas a mujeres y parientes de la sociedad y generalmente además de actrices eran los directoras artísticas y encargadas del guardarropa, generando así una exitosa rivalidad entre ellas. Vale la pena que recordemos a Dona Raimunda Milla de Moncada, esposa del alcalde, quien fue una de las más entusiastas patrocinadoras de la pastorela mencionada.


En la edición de la pastorela Rubenia, que publicó Doña Luz de Vigil en 1924, constan las señoras y señoritas que participaban como apoyo musical, que de hecho era todo un equipo de maestros de piano. Todos sabemos que para 1850 el Padre Reyes había hecho traer de Europa el primer piano para uso de su escuela del convento de La Merced. De la misma manera, a partir de esa fecha había todo un grupo de familias tales como los Ugarte y los Sosa quienes eran excelentes representantes de cuerdas y vientos, lo que nos permite inferir que para esa fecha, Tegucigalpa contaba con una pequeña sinfónica o filarmónica, cuyos miembros se mantuvieron en continuados relevos en el carácter miembros de ella, hasta concluir en la célebre orquesta de música sacra de los siglos 20 denominada orquesta palestrina bajo la dirección del recordado maestro Don Manuel E. Sosa.

El Padre Reyes dejó su imagen grabada en el tiempo espacio caminando activamente del convento de San Francisco donde funcionaba la universidad, en una especie de esfuerzo por mantener viva la ciudad basándose en la idea de construir una elite culta que mejorara los cuadros políticos y administrativos del país, correteando rápidamente hacia lo que él llamaba lo Suyo: la Escuelita para muchachos de clase intermedia de origen campesino y sus familias en el deseo sincero una auténtica democratización de la enseñanza.


El Partido de la Educación

Políticamente ha sido sumamente calumniado, achacándole su movilidad en las relaciones políticas, de lo que él se defiende en una de sus pastorelas poniéndose en boca del pastor bato, cuando dice: "El poeta es como las campanas, que hoy tocan arrebato de alegría y en la tarde suenan a duelo". Sus relaciones con la municipalidad de Tegucigalpa giraron en torno de su influencia. Hábil político patrocinaba como candidatos a alcalde aquellos miembros de antiguas familias que él conocía desde la juventud, significándolos no por sus talentos "sino por ser miembros del partido de la educación".

Es difícil determinar cómo se las arreglaba para permanecer por espacio de 25 años como miembro del cabildo municipal, que él además manipulaba para sus fines educativos y en el cual tenía incorporado la mayor parte de los varones de su familia, tal como lo demuestran las actas municipales hasta el momento de su fallecimiento en 1855.

Hombre de grandes convicciones y obseso en la idea de creer que la ignorancia es la madre de todos los pecados de todas las malas acciones y que pone en peligro la raíz de la sociedad, conservo por casi toda su vida el espíritu impregnado de ironía típica en Voltaire, su maestro en el conocimiento de las letras francesas, que le permitieron ser lo que fue en su época gran animador cultural, defensor de las mujeres como transmisoras de la cultura y la utilización de la municipalidad como factor decisivo en el infatigable empeño de luchar contra esa ignorancia, madre de todos los desatinos que ponen en peligro la convivencia social.

A la muerte del Padre Reyes, la universidad cayó en decadencia por falta de apoyo de la municipalidad, hecho que hizo que el rector Hipólito Matute se viera obligado a mendigar de puerta en puerta por todo el centro de Tegucigalpa, pidiendo ayuda para evitar que el convento de La Merced -que ya había sido concedido para alojar a la universidad- quedara en escombros.



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